Pantallas, tecnología e inteligencia artificial
- Farmacia Isabel Rodríguez García

- 19 nov 2025
- 4 Min. de lectura
¿Cómo afectan a nuestra salud mental?

En los últimos años nuestra vida ha cambiado a un ritmo increíble. El móvil se ha convertido en una extensión de nosotros mismos, trabajamos frente a un ordenador, nos comunicamos a través de pantallas y hasta pedimos consejo a aplicaciones con inteligencia artificial.
Todo esto puede ser útil y hasta maravilloso… pero también puede pasarnos factura si no aprendemos a usarlo con equilibrio.
En la farmacia escuchamos cada día frases como:“Duermo peor desde que estoy más enganchado al móvil”; “Me noto más nerviosa desde que paso tantas horas mirando noticias”; “Mi hijo está todo el día con la pantalla y no sé si es normal”.
Por eso este artículo quiere ayudarte a entender cómo influyen las pantallas y la tecnología en nuestro bienestar emocional y qué pequeñas decisiones pueden marcar una gran diferencia.
¿Realmente nos afectan las pantallas?
La respuesta es sí, pero no a todos igual. No todas las personas reaccionamos igual a la tecnología. Pero hay algo que la mayoría compartimos: cuando pasamos demasiado tiempo delante de una pantalla, especialmente en ocio, nuestra mente se sobrecarga.
Muchas personas explican que sienten más ansiedad, menos concentración, sueño más ligero o peor conciliación, cansancio mental o irritabilidad sin saber por qué.
Y es que las pantallas están diseñadas para captar nuestra atención constantemente: vídeos cortos, mensajes que llegan sin parar, redes sociales que no acaban nunca… El cerebro vive en modo “alerta continua”.
No es que la tecnología sea mala; es que el exceso y el uso sin descanso acaban afectando a nuestro estado de ánimo.
Otro punto importante: el tipo de contenido
No es lo mismo usar el móvil para hablar con la familia que pasar dos horas comparándonos con otras personas en redes sociales. Hay contenidos que nos aceleran, nos activan o nos generan inquietud: noticias negativas, discusiones online, redes centradas en la apariencia, notificaciones constantes… Mientras que otros nos calman o nos aportan algo positivo: cursos, música, recetas, ejercicio, llamadas con amigos, aprender algo nuevo… Por eso, más que obsesionarnos con “cuánto” usamos el móvil, es útil preguntarnos: “¿Cómo me siento después de usarlo?”. Si la respuesta es “peor”, es una señal clara de que necesitamos hacer algunos cambios.
La inteligencia artificial: herramienta útil, pero con cabeza
La IA ya está aquí: en móviles, ordenadores y aplicaciones del día a día. Puede ser una aliada: nos ayuda a organizar, a resolver dudas, a calmar la mente cuando estamos nerviosos; pero también tiene sus riesgos: puede generar dependencia si la usamos como apoyo emocional constante, darnos recomendaciones que no se ajustan a nuestra situación real, hacer que confiemos más en una app que en una persona o sustituir momentos de conexión real. La clave está en usarla como un recurso, no como un sustituto de relaciones, descanso o ayuda profesional.
¿Cuándo empezamos a notar que algo no va bien?
Hay señales que conviene no pasar por alto:
✔ Dormir mal porque usamos el móvil por la noche. La luz de las pantallas confunde al cerebro y retrasa el sueño.
✔ Sentir que “necesitamos” mirar el móvil cada pocos minutos. Ese impulso constante es una señal de saturación mental.
✔ Estar más nerviosos, tristes o irritables después de pasar tiempo en redes. La comparación, la rapidez y la sobrecarga emocional pesan más de lo que parece.
✔ Abandonar actividades que antes hacíamos sin pantallas: leer, salir a caminar, cocinar, hablar…
✔ Dificultad para desconectar del trabajo. Los correos, mensajes y notificaciones nos siguen a todas partes.
Si algo de esto te suena, no estás sola ni solo: le ocurre a muchísima gente.
Consejos prácticos, fáciles y realistas para un uso más saludable
Aquí no hablamos de apagar el móvil para siempre ni de hacer grandes cambios imposibles. Hablamos de recuperar un equilibrio:
1. Descanso digital antes de dormir
Intenta desconectar al menos una hora antes de irte a la cama. Leer un poco, preparar la ropa para el día siguiente o simplemente descansar la mente ayuda a dormir mucho mejor.
2. “Zonas libres de pantallas”
Puede ser la mesa, el dormitorio o el desayuno. Un pequeño espacio sin tecnología cambia mucho el ambiente.
3. Apaga notificaciones innecesarias
El móvil no debería decidir cuándo pensamos en algo: deberíamos decidirlo nosotros.
4. Pon límite al “scroll infinito”
Puedes usar temporizadores o, simplemente, decidir que verás redes sociales solo en ciertos momentos del día.
5. Prioriza contenido que te sienta bien
Si algo te genera ansiedad, tristeza o comparación… elimínalo sin culpa.
6. Mira más hacia fuera
Un paseo, un café con alguien, un rato al sol… La mente se regula mucho mejor en la vida real que en la pantalla.
7. Con la IA: úsala, pero no te apoyes emocionalmente en ella
Sirve para organizarse, para aprender, para resolver dudas. Pero si estás pasando por un mal momento emocional, la compañía humana es irremplazable.
Y si tienes hijos o adolescentes en casa…
La tecnología es parte de su vida, pero hay formas de acompañarlos sin prohibir ni demonizar. Pon reglas claras pero razonables, comparte ratos de pantalla con ellos, interésate por lo que ven y siguen, no uses la pantalla como “solución rápida” cuando están aburridos, refuerza actividades físicas, hobbies y vida social real. Pero sobre todo recuerda: no es quitar pantallas, es equilibrarlas.
Las pantallas y la inteligencia artificial han venido para quedarse, y no son un problema por sí mismas. Lo importante es: escucharnos, poner límites, cuidar nuestro descanso, usar la tecnología a nuestro favor y volver a lo que nos hace bien: la calma, la luz natural, el contacto humano.
Desde la farmacia podemos ayudarte no solo con tu salud física, sino también a crear hábitos que te cuiden por dentro. Si sientes que últimamente te notas más cansado emocionalmente, con más ansiedad o peor sueño, puedes acercarte y lo hablamos. A veces, un pequeño ajuste en la rutina digital puede marcar una diferencia enorme en cómo te sientes.
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